lunes, 24 de junio de 2013

Secreto de clanes. Capitulo 22

Al oír esto Santo se tapo como pudo un corte que tenia en el costado, pero pese a eso no pudo evitar que Anikomory lo viese. Cuando se dio cuenta de que le estaba mirando sus ojos se volvieron de suplica, no quería preocupar al resto, y ella lo entendió enseguida, así que no dijo nada mas y todos decidieron volver a casa.
Una vez allí  todos se acomodaron para descansar, habían luchado mucho aquel día y necesitaban reponer fuerzas. Mireia y Nany fueron a la cocina para comenzar a preparar la cena y Santo subió a su habitación para intentar curarse las heridas. Anikomory no sabia muy bien que hacer, las heridas que tenia Santo no tenían cura, pero quizás Siru supiese algún método para poder salvarlo de la muerte, así que se acerco a él y se lo contó. A este no pareció haberle sorprendido.
 - Es algo que me temía  pero Santo no me iba a dejar hacer lo contrario, sabe perfectamente que la muerte de Ismer es mas importante que cualquier cosa.-dijo esto ultimo mientras agachaba la cabeza, triste, pues no quería perder a su amigo. 
 - Comprendo- se le escapo una pequeña lagrima de tristeza  pero Siru no llego a verla.- ¿Pero no hay ninguna manera de salvarlo?Haría cualquier cosa para salvar su vida...No quiero que muera. 
 - Puedo intentarlo, hay unas plantas, pero son difíciles de encontrar, voy a ir a buscarlas, pero tu quédate aquí  tú y Nany sois en las que más confío  y se que cuidaras bien de el en mi ausencia.- le guiño un ojo de complicidad, sabiendo lo que ella sentía por Santo. 
No cruzaron mas palabras, Siru recogió todo lo que necesitaba y se llevo a los dos gemelos con él, mientras, Anikomory cogió unos paños calientes de la cocina y dos botellas grandes de agua y subió a la habitación de Santo. Cuando entro encontró a este con la camiseta quitada, dejando a la vista sus heridas. Se giro y la vio, con un gesto del brazo le pidió que cerrase la puerta con pestillo, no quería que nadie le viese en ese estado. Santo estaba sentado en la cama e invito a Anikomory para que se sentara a su lado.
 - Le he contado a Siru lo de tus heridas- en ese instante se pudo ver rabia en los ojos de Santo, pero antes de que este pudiese decir palabra ella se lo explico- He hablado con el, y me ha dicho que puede haber una cura, ha ido a por ella al bosque y a mi me ha dejado a tu cuidado.- bajo un poco la mirada.- Espero que no te importe.- por unos instantes se puso roja, pero como estaba anocheciendo no se pudo ver bien.
 - No, claro que no me importa.-  dijo dedicándole una cálida sonrisa.-¿Y como me piensas cuidar?
 - Bueno, por el momento voy a cerrar las ventanas, que ya empieza a hacer frío  y bajare a por nuestras cenas, lo mejor sera que las tomemos aquí. 
Cuando fue a cerrar las ventanas pudo ver como una persona salia de la casa, llevaba una sudadera con capucha, así que no pudo ver quien era, pero eso la había mosqueado mucho. Aun así decidió no darle mas vueltas, podría ser alguno que salia de la casa a dar un paseo nocturno  Fue a la cocina y le explico a Nany que Santo estaba muy cansado y que le había pedido que le subiera la cena, así que esta le dio los dos platos, con una sonrisa pícara. Antes de irse pregunto donde estaba Mireia, pero Nany... No tenia respuesta para ella.
¿A donde habría ido a estas horas de la noche?¿Y por que no había avisado a nadie?

domingo, 23 de junio de 2013

Luna sangrienta.

Las temperaturas habían bajado mucho esa noche, y se notaba, estábamos a mitad del invierno y en este pueblo el invierno siempre ha sido espantoso, por eso la mayoría de los residentes aprovechaban cualquier oportunidad para pasarlo fuera. La poca gente que se quedaba procuraba no salir de sus casas, mas que nada para que no se viese atrapado en mitad de una tormenta de nieve o en una ventisca, que por lo normal, aparecían sin previo aviso, y sin un tiempo preciso, podrían durar desde un par de horas, hasta varios días. 
Pero todo eso a nosotros no nos importaba mucho, mi grupo de amigos y yo eramos unos "aventureros", bueno, al menos así nos decían las viejecitas que nos veían subir cargados de mochilas y víveres montaña arriba con nuestros todoterrenos. Aunque parezca poco creíble, todos los inviernos los pasábamos en la montaña, había muchas cuevas donde dormir y eran mucho mas calientes que cualquier casa, sobretodo por que durante los inviernos se solía estropear la calefacción  ademas, allí arriba no había ni tormentas, ni ventiscas, ni nevadas.... a decir verdad el clima era muy distinto, siempre parece ser primavera, nunca podréis ver aquellos parajes nevados, siempre hay flores e hierva fresca. Los veteranos del lugar dicen que es por una maldición o algo así  pero yo al menos no creo en nada de eso, alguno de mis amigos si, sin embargo ninguno nos vamos a perder aquellas maravillosas experiencias por unas leyendas urbanas. 
Que descuido el mio, mi nombre es Elihú, aunque todos me llaman Santo, tengo 18 años y estoy a punto de empezar la universidad, al igual que mis amigos. Vivo en un pueblo de España llamado Riesteng, aunque mas que un pueblo parece una aldea, pero a mi me encanta, es mágica y aquí hemos vivido muchas aventuras, lo mas seguro que este invierno también vivamos alguna. 
Cuando comenzamos a subir por el sendero se comenzaba a notar el cambio de temperatura, la nieve iba desapareciendo dejando paso a la hierva que crecía comiéndose el camino, este año lo íbamos a pasar en una cueva cerca de un lago, que descubrimos el año pasado. El lugar era precioso, un gran lago se extendía a todo lo que cubría la vista y detrás de este las dos grandes montañas que rodeaban la aldea.
En cuanto llegamos empezamos a construir lo que iba a ser nuestro hogar durante los próximos tres meses. Entre los cinco la cosa fue muy rápida, y en menos de dos horas ya estaba todo colocado y la hoguera hecha; eso es lo que menos me gusta del invierno, las pocas horas de luz que hay, por eso mañana nos despertaríamos pronto y empezaríamos a investigar todo lo que nos rodeaba. A lo lejos se podía escuchar a algunos búhos que cantaban y una manada de lobos que aullaban a la luna, a cualquier otra persona aquello le asustaría sin embargo a nosotros nos enamoraba. 
Estela estaba al lado de la hoguera preparando la comida, mientras Zacarias y yo fuimos a recoger mas madera para por la noche y los días siguientes, Esther y Cristina estaban acomodando los sacos de dormir el fondo de la cueva. Pero de repente, mientras Zacarias y yo llevábamos la madera al campamento escuchamos un grito. Lo dejemos todo en el suelo y salimos corriendo.¿Quién había gritado?