domingo, 23 de junio de 2013

Luna sangrienta.

Las temperaturas habían bajado mucho esa noche, y se notaba, estábamos a mitad del invierno y en este pueblo el invierno siempre ha sido espantoso, por eso la mayoría de los residentes aprovechaban cualquier oportunidad para pasarlo fuera. La poca gente que se quedaba procuraba no salir de sus casas, mas que nada para que no se viese atrapado en mitad de una tormenta de nieve o en una ventisca, que por lo normal, aparecían sin previo aviso, y sin un tiempo preciso, podrían durar desde un par de horas, hasta varios días. 
Pero todo eso a nosotros no nos importaba mucho, mi grupo de amigos y yo eramos unos "aventureros", bueno, al menos así nos decían las viejecitas que nos veían subir cargados de mochilas y víveres montaña arriba con nuestros todoterrenos. Aunque parezca poco creíble, todos los inviernos los pasábamos en la montaña, había muchas cuevas donde dormir y eran mucho mas calientes que cualquier casa, sobretodo por que durante los inviernos se solía estropear la calefacción  ademas, allí arriba no había ni tormentas, ni ventiscas, ni nevadas.... a decir verdad el clima era muy distinto, siempre parece ser primavera, nunca podréis ver aquellos parajes nevados, siempre hay flores e hierva fresca. Los veteranos del lugar dicen que es por una maldición o algo así  pero yo al menos no creo en nada de eso, alguno de mis amigos si, sin embargo ninguno nos vamos a perder aquellas maravillosas experiencias por unas leyendas urbanas. 
Que descuido el mio, mi nombre es Elihú, aunque todos me llaman Santo, tengo 18 años y estoy a punto de empezar la universidad, al igual que mis amigos. Vivo en un pueblo de España llamado Riesteng, aunque mas que un pueblo parece una aldea, pero a mi me encanta, es mágica y aquí hemos vivido muchas aventuras, lo mas seguro que este invierno también vivamos alguna. 
Cuando comenzamos a subir por el sendero se comenzaba a notar el cambio de temperatura, la nieve iba desapareciendo dejando paso a la hierva que crecía comiéndose el camino, este año lo íbamos a pasar en una cueva cerca de un lago, que descubrimos el año pasado. El lugar era precioso, un gran lago se extendía a todo lo que cubría la vista y detrás de este las dos grandes montañas que rodeaban la aldea.
En cuanto llegamos empezamos a construir lo que iba a ser nuestro hogar durante los próximos tres meses. Entre los cinco la cosa fue muy rápida, y en menos de dos horas ya estaba todo colocado y la hoguera hecha; eso es lo que menos me gusta del invierno, las pocas horas de luz que hay, por eso mañana nos despertaríamos pronto y empezaríamos a investigar todo lo que nos rodeaba. A lo lejos se podía escuchar a algunos búhos que cantaban y una manada de lobos que aullaban a la luna, a cualquier otra persona aquello le asustaría sin embargo a nosotros nos enamoraba. 
Estela estaba al lado de la hoguera preparando la comida, mientras Zacarias y yo fuimos a recoger mas madera para por la noche y los días siguientes, Esther y Cristina estaban acomodando los sacos de dormir el fondo de la cueva. Pero de repente, mientras Zacarias y yo llevábamos la madera al campamento escuchamos un grito. Lo dejemos todo en el suelo y salimos corriendo.¿Quién había gritado?

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